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Martina y los colores de Tokio

Hace un año, recuerdo hablar sobre la ilusión que me haría hacer este viaje, viajar a Tokio. Obviamente, pensaba en viajar para fotografiar, pero la ilusión era tan grande que mi mente dejó de imaginar para hacerlo realidad. Recibí ese email, ese email que me hizo sonreír tan despacio pero con tanta alegría que sin darme cuenta, ya pasó.

MARTINA

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Sin darme cuenta he vuelto y he podido saborear cada uno de los colores de esa gran ciudad, me he ahogado entre la multitud de gente, he respirado en el edificio más alto, he pasado por el paso más transitado, me he sentido nada y todo a la vez, he visto lo rápido que hacen y deshacen las cosas, he visto cómo hacían cola uno por uno en el metro, he sentido el respeto que muestran, me he perdido de repente y me he vuelto a encontrar entre esa lengua tan extraña pero a la vez tranquilizante.

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Por suerte, no he viajado sola, Marta, una amiga me acompañó y con ella hicimos un viaje redondo, un viaje Japonés lleno de templos y de souvenirs coloridos. Hay tantas cosas, que no sabes hacia dónde mirar, las Geishas existen aún, le decía a Marta asombrada mientras ella las grababa. La gente las fotografía como si fueran de otra especie, pero ellas siguen paseando con esos pasitos que parece que se vayan a caer en cualquier momento.

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El mejor momento del viaje, aparte de toda mi experiencia como fotógrafa, fue cuando llegamos a Asakusa, barrio de Taito. Nada más salir del metro, ya sentí otra sensación diferente, por fin la espiritualidad de todo ese país tan inmenso había llegado a mí, no me quería ir de allí. Eran las 17h y teníamos hambre, aún no habíamos comido, así que fuimos a buscar un restaurante vegano que Marta había encontrado.

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La comida exquisita, pero ya era hora de ir a pasear por ese barrio lleno de algo que aún no sabía exactamente qué era. Anduvimos por una gran calle llamada Kaminarimon, llena de souvenirs, llena de gente y de luces de colores y es cuando al final de esa calle te encuentras con un templo gigante muy bien conservado que te deja anonadada.

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Nos hicimos algunas fotos fuera y sin darnos cuenta ya estábamos dentro y prometo que la tranquilidad, armonía y paz que sentí es inexplicable, es tan inexplicable que solo puedes saber que se siente si entras en él. -El corazón espiritual de Tokio- dijo Marta, buen título para mi siguiente foto, dije yo.

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